El lunes 10 de enero a la una de la madrugada me desperté de repente con muchos dolores musculares que me invadían todo el cuerpo, seguido con dolor fuerte de cabeza y garganta. Inmediatamente la fiebre no se hizo esperar y pronto había llegado a 38 grados.
Los dolores eran tan impresionantes que estuve de la una a las nueve de la mañana sin poder dormir, sin poder apoyar mi cuerpo en la cama o en la silla.
Sin lugar a dudas tenía todos los síntomas del covid.
Actualmente sigo aislada, la fiebre gracias a Dios ya no bajó, pero los dolores todavía siguen dando batalla.
Y en esos momentos a solas en mi cuarto, ahí está él, mi perro Airon.
Se para frente a mí y me mira, es como si quisiera saber si respiro, si me quejo, si estoy mal, etc.
En esta foto sigue a mi lado de la cama, pero esta vez mirando por la ventana, no se le escapa ningún movimiento del barrio, creo que es el perro chusma de la cuadra, jaja.
Y ahí sigue él, al lado mío, asegurándose que todo esté bien.
Airon, sin lugar a dudas un perrito que me conquistó el corazón.
Con cariño: Tere.
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